miércoles, 25 de julio de 2007

me acalambro y reniego

me acalambro y reniego, pongo las patas en lo frío y en un lugar plano frío, sin contactar , se pasa, se pasa.. dobleces, abanico luchufá, se pasó.
teoría, pero ganas y entonces.

Usar el cielo, seleccionar las estrellas desde alguna mesa, donde los campos estén unidos por sus claves, sus códigos, que se decifren y se agrupen, y después muestren qué pasó, qué otro campo y qué otra mesa produjeron, o una ventana, un cielo nuevo, un espejo que no sea tan espejo pero que siga reflejando.
Una boca que no pare de hablar nunca, una abuela que haga postres y planche la ropa y te rete por no guardar la ropa planchada y te hable sobre los cuentos que una vez no pudo leer. Que no leyó, pero te habla de los cuentos. O que te explique otro cuento que no existe. Que te lo explique.
Como un perro que busca un hueso violeta pero azul por adentro y con pintitas casi rojas y que tenga sabor a naranjas y frutillas también riquísimas y que lo busque como cuando uno busca el huesito blanco de los dibujitos animados. Animados. ¿Animados?
Animada ella que lo busca, nosotros, salame con queso.

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