me acalambro y reniego, pongo las patas en lo frío y en un lugar plano frío, sin contactar , se pasa, se pasa.. dobleces, abanico luchufá, se pasó.
teoría, pero ganas y entonces.
Usar el cielo, seleccionar las estrellas desde alguna mesa, donde los campos estén unidos por sus claves, sus códigos, que se decifren y se agrupen, y después muestren qué pasó, qué otro campo y qué otra mesa produjeron, o una ventana, un cielo nuevo, un espejo que no sea tan espejo pero que siga reflejando.
Una boca que no pare de hablar nunca, una abuela que haga postres y planche la ropa y te rete por no guardar la ropa planchada y te hable sobre los cuentos que una vez no pudo leer. Que no leyó, pero te habla de los cuentos. O que te explique otro cuento que no existe. Que te lo explique.
Como un perro que busca un hueso violeta pero azul por adentro y con pintitas casi rojas y que tenga sabor a naranjas y frutillas también riquísimas y que lo busque como cuando uno busca el huesito blanco de los dibujitos animados. Animados. ¿Animados?
Animada ella que lo busca, nosotros, salame con queso.
miércoles, 25 de julio de 2007
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