por las rendijas de mi techo
baja un gato ronroneado
me trae una redonda, panóptica, onírica luna
colgante de su pelusa
juega y juega con ella
y yo le presto mi jugo cerebral
mi líquido gris amartillado a la sien
para que lo transforme en su cielo
su dimensión espacial
aquel agujero negro por donde danzar libremente
y el gato baila
baila el gato buceando mi mente
y pronto maúlla, me mira y me dice
baila el gato buceando mi mente
y pronto maúlla, me mira y me dice
estamos todo lo loco que podemos
y yo siento pena por mi techo
como si hubiera un mandato
un enlace divino a remendarlo
mas sería profética insufrible
ya que todo ese predio sobre nosotros
toda esa inmensidad aplastada que nos subraya por arriba
poco debe importarnos
poco debe importarnos
si sabemos por una voz de gato
que el mundo se desovilla a cada momento
y que cualquier monumento sería poco
en conmemoración a un ronroneo inoportuno
a unas caricias inapelables
a unas caricias inapelables
por estas horas
entre mis ojos
y la luna deshilachada
No hay comentarios:
Publicar un comentario