Tengo el adentro del esqueleto repleto de corazones, de mis pulmones ya violetas que ya ni respiran mas ya sí palpitan y ya laten y se desdoblan en células de mitocondrias hiperactivas que se superponen, que se hinchan, y van más allá de toda constelación inflamada, apresurando su carrera estrepitosa por morder una burbuja, una migaja de aire suspendido, de viento quieto y reflotando, de oxígeno perforado por el devenir de este agujero llamado yo que presume de su infraestructura, que valida su invalidez ante la nada, pero si apenas pudiera despejarla de todo eso y espejarla de todo esto, si por lo menos pudiera en ella transparentarme, así podría escaparle a esta ardillita que se las trae, encarcelada tras mis costillas, y nunca sin murmurar apenas algo, sin sacar afuera una gota de voz, un hilo fonético alcanzable, aunque sea a rasguñazos de ardilla, pero consiguiendo estar más alcanzable que esta lejanía, que este mal augurio de la suerte que no me deja colgarme ni del meñique de la punta de tu oreja, que no permite protegerme ni preservarme, que me prohíbe congelarme lo suficiente como para latir un poco más normal, palpitar sin más exageración que de vez en cuando, y ya.
domingo, 10 de marzo de 2013
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