Es hermosa pero inalcanzable. No se puede llegar porque esa distancia no se mide en latidos.
Porque su brillo viene de rebote y de rebote te enamora.
Y te enamora y te deja tirado, rebotando solo y a oscuras.
Esas noches en que la luna te deja tirado, no rebotan tampoco las luces.
Son noches en que las sombras se propagan, se extienden y te alcanzan y te suben por los pies y te ennegrecen entero, hecho carbón mientras mirás al cielo pidiendo una luna nueva.
Y el cielo siempre te escucha y al otro día ahí la tenes, una luna bebé naciendo de nuevo, brillando de nuevo de rebote para vos. Enamorándote inalcanzable, sin respiro.
Y le escribiré poemas cada día durante semanas, a ver si esta vez sí que baja; baja aquí a abrazarnos y de paso irnos a tomar un café o un asteroide. Eso o su alternativa acostumbrada, allí atrincherada en el espacio infinito, naciendo y muriendo hasta apagarse otra vez, algún día, entre murmullos de estrellas.
Y ese día, estaré mirando al cielo de nuevo, pidiendo otra luna de nuevo.
Y vendrá al otro día mi deseo.
Para mí, nuevamente, una luna inalcanzable.
domingo, 8 de diciembre de 2013
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario