Ven por mí, figurita. Mole del rectángulo cocinado al sol. Ven por mí, papeleo del trámite intacto, canción.
Asomate por mis ojos, tomate esa labor. Regodeame la rumba al son del candor. Hay celos morbosos, figura. Hay sendas adredes, destelevisión. Cerebro drogadicto a la estrofa. Frialdad que friza al congelador. Ungüento altiplano rodeado de engañoso. Cuña de migaja, fiel roedor. Barcaza hipopótama, sediento elixir. Pestaña nueva en el ojo, llaga y después. La vida no se fija, o no.
Arriero, tropa azul.
Rayo fatídico de visión tuya.
Visión de vos que de mirar es humedal.
Arco de llorar.
Cierro dos ojos y empieza pensamiento. Venga palomita percusiva. Vengue y aireemé.
Inició tu vuelo con propósito de nido de inmediata figuración.
Quedó fugándose con alas entre silencios e insolación.
De gigantes meñiques picotear. Del desenroscar de mis puños cada cual. Inesfuerzo el de mis manos. Desenfado de los pies. Repleto cada nervio.
Así que me voy poniendo lindo. Dos medias parecidas, la remera más mejor, el buzo de pelotitas seis.
Patas mías, este suelo es traidor, deslicensé con voz muda, tan interna como pila de linterna. Voz subibaja me acalambra la torsión, y la adoro y me pregunta:
"¿Comprendes ahora el significado del apotegma?"
En bolainas mi yo, entre lo oscuro y lo perplejo, tras los párpados robots, muerdo mi boca y frunzo el entrecejo; tan lejos de lo aquello, trato de recordar, o de ser recordado.
Pero algo me llama la atención, un alga en llamas en mi intención. El entrecejo carenciado de conjugación.
Arriba las manos maniquíes. Palomita al hombro. Figurilla. Frenesí
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