viernes, 30 de noviembre de 2018

Hélice

Cuando me da miedo escribir, escribo con miedo.
El mar es el elenco.
El océano protagonista me hace un gesto.
Me dice ola.
Setiembre es un yunque que se me ha concedido sin la pé
Una vía láctea de estrellitas subacuáticas que me roza rozagante
No pienso amainar ni mi nado ni mi nada
Una vez salí de adentro, porque mis vértebras se encolumnaban bajo una mochila
Y miré la ventana y ví futuros
Y miré la puerta, y ví la calle
Y viré
Viré para siempre para llenar de oro mis ojos de suburbio
Oros inmateriales que ornamentaban de imposible a los territorios
Implícito en las imágenes y las imaginaciones, en las figuras y las figuritas, el fogoso oro.
Porque nadie es ninguno, ni ninguno sólo uno.
Entre los escombros a leer me sitúo.
Y me asemejo a los escombros
Y leo y me entero de que si nos acostamos, asesinamos al suelo.
Entonces amo al piso, y mi amor es mejor que yo.
Y como un piojo lleno de liendres
aproximadamente anónimo
cada perro se lame su vida.
Yo, por lo pronto, me voy a besar en la boca con la soledad.

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