No hay una bisagra.
No hay un bosquejo para la acción.
Sólo el preludio amargo.
De lo que ya sabíamos y no queríamos de nuevo.
De lo que ya conocíamos y era página arrancada de todos los libros.
Griterío bajo la grieta.
Xilofónico aullido adentro del más agujero de todos los mismos.
Lloverán aguas en la nube más próxima que se adentre
Como si fuera un monosíolabo en un diálogo de un cuento para ansiosos.
Como si fueran dos rugidos escondidos bajo el nombre de los dientes.
Que tienen sujetos residuales entremedio.
Que las caries hacen cola por conocerlos.
Que el conocimiento es un placer siempre.
Incluso cuando se trata de las calamidades que nos estudian.
Nos relevan y analizan y diseñan nuestro destino, y lo validan y lo implementan y lo llevan a su suerte y lo inflan y desinflan con oxígeno prestado y lo retiran como si nada hubiera pasado, como si todo fuera futuro, como si la manera de existir pudiera intercambiarse como una pulsera con muchos agujeritos, uno para cada flexibilidad.
sábado, 19 de enero de 2019
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