Óiganme abedules:
¡Son impensables!
Ningún abedul sin sus orejas
Podría alarmarse cuando recibieran la noticia.
¡Pero colmos de madera son ustedes!
Que se arremangan los vigores
Que me avalanchan el otoño
Que destiñen el paisaje con el amarillo de agosto
Y me acumulan las hojas en la cloaca
Y me revienta la sudestada en la cara
Y todo porque ustedes, abedules,
Se disfrazan como sordos ante mí
Pero he visto con mis ojos
Cómo viven noche y día
abrazados a zorzales y jilgueros
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