El escritor murió, le pasó un camión por encima.
Venía concentrado, hamacando letras y surcando tildes.
Reuniendo puntitos de tinta para armar alguna historia inventada en algún cuento de verdad.
Pero el camión venía a los tumbos, tachando oraciones,
financiando indistintamente multas de tránsito y de ortografía.
Los escritos que el tipo llevaba fueron cayendo uno a uno, y varios murieron aplastados.
La birome, en cambio, salió volando.
lunes, 24 de agosto de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario