viernes, 1 de noviembre de 2013
Título de la entrada
cuando se hace el silencio y los árboles baten las alas, ahí ocurre que ocurren bocinas en mi adentro. automóviles fantasma me recorren por las venas y van sucediendo sucesos sonoros y onerosos para el alma. ¡Oh! Grita el alma, zambullida ya (tremenda su facinación por el actuar, que ni deja margen al digitar de los dedos de quien escribe para detallar aún más su ídem) por entre los párpados y arrojada sobre el interlocutor (sí, usted mismo, no se haga el distraído, apunte para acá) y entremezclada ya por entre sus órganicos órganos (eyy, deje de relojear para afuera, ya metí mi alma en su adentro, usted se la buscó, usted se la banca) y demostrando su destreza para descorchar agilidad ante tanto latido trunco, ante las palpitaciones que lo reviven a cada momento (le sigo hablando a usted, cuyo cuerpo se intenta suicidar decenas de veces por minuto cuando su corazón ya no late, y ahí está el mismo asco, otrora asesino, devenido bombero, para salvarle ya la vida al ratito y evadirle ante los siguientes eventos y por desgracia de sus enemigos, de morir) y todo alivio de que tanta conciencia no continúe se lo debe ni más ni menos que a la incógnita de no saberlo.
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