lunes, 25 de noviembre de 2013

Si insisto

Me invade una ternura, libra su batalla y me gana territorios. La muy truchísima los reparte al imperio de la indiferencia.
Mis guerreros derrotados se reorganizan y piensan. El problema no es otro que la energia disipada contra la misma nada. El Comandante Astrofísico los blasfema y les grita, las resultantes sin resultado sólo provocan más y más fricción acumulada entre cuerpos corrosivos. Ni uno entiende ni algo, pero todos asienten presurosos.
Alza su mano el Poeta Repudiado: Cualquiera que mire un poco y se atreva otro tanto, podria preguntar, este manojo de cinta scotch sería el corazón de nuestro rey? y mirandomé: cómo se puede vivir con un menjunje rebotante en donde va un órgano latente? Y qué será de tu pueblo que pende de esa maquinaria improvisada que por milagro no se despega y cae y se revienta?
Inserto mi repudio que callo: Bienaventurado de mí que me habita un poeta ilógico que no se pregunta el porqué del encintado.
El pueblo también calla, sombrío, y espera, de mí, una respuesta.
Las grises neuronas enmudecen, el corazón ya dijimos. Ninguno toma nota, ni mucho menos la posta. Los Trabajadores de la Garganta en asamblea debaten y dan su parecer, sea cual sea la legitimidad que les sea concedida: Su verdad no molesta, Poeta Repudiado, pareciera responder mi Voz, la cual se les aparece a todos como una antesala grave y malamente invisible de mi ceño fruncido y una mirada nerviosa. Si bien queda claramente fuera de nuestra responsabilidad -siguen- tenemos anudados por estos pagos, y por ende ante quien corresponda presentaremos, los papeles del estado del sujeto. Y dejan ver unos mandatos extravagantes con firma y aclaración de quién sabe.
Neuronia acorralada envía órdenes de enrojecimiento a Las Cachetias. 
Táctica y estrategia, Pielle se deja traslucir.
Así las cosas, y ya requisadas mis voluntades por los curiosos, de tal grado evolucionan mis transparencias que se me declarará invertebrado tan pronto sean notificadas las deidades repsonsables de mi ontología, unos seres esquivos y misteriosos ante quienes, por ahora y por prudencia, me les declaro alternativamente, entre agnóstico y fanático ad honorem.
Mis pies, satisfechos, me dejan ir, y algún rastro de conciencia reflexiona: Si me viera la Bruja Malhuba, reconocería la farsa y me convertiría en abrelatas.

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