Y si apartamos al bolígrafo y nos ponemos nosotros en esa mano, seremos la vanguardia de un torrente de azul que se origina en la catarata de la imaginación y extiende sus arterias para siempre. Pero uno es ése el que va y si somos la lapicera que está ahi pegada con plasticola contra la mano, sabemos que pronto nos encontraremos con nosotros mismos, que intentaremos volver adonde empezamos, que es un juego pero intentarlo, y lo difícil que es recorrer el camino sin saber hasta lo último que podremos dar con nosotros, dar con el círculo.
El niño que en la mano tiene la birome, que en la mano nos tiene, hará trampa. Ese niño destino no podrá juntar con naturalidad a nuestros propios extremos (¿o extremidades?) y hará una rayita entre ambos para que parezca que sí. Para que parezca. Pero venir de toda una vida curva a un salto vertiginosamente vertical, que encima nos choca con nosotros mismos, que nos atraviesa.
Niño destino. Pillo niño acuchillador de todos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario