viernes, 26 de septiembre de 2014

En cumplimiento del beber

Que no sea cuando sea cuadrado que se permita estirar, pues la explotación de cada detalle es sermón de bestialidad. Nace ya la acostumbrada incógnita: ¿Qué tan largo se extiende el desperdicio? ¿Cuánto más la tormenta imprecavida? Soy un esclavo de la libertad atravesando esta noche llena de errores, esta oscuridad inflamada y con tantas canciones que cantar. Reconozco aún en mí esa gacela que recorrerlo todo lo puede, que fotografiarlo todo lo intenta, mientras se derrama su fragilidad kilómetro a kilómetro, arrastrando las arterias por el aire, estrujándose las venas al dormir.

La gacela invicta también vuela, hay también en ella algo de paloma, una orilla con alas en su voluntad que no se pregunta a qué hora ocurre el tiempo, vector de los caminantes, sino que deja pasar esa nostalgia intrusa que transforma a cualquier corazón en un puñado de minutos, la deja pasar, y la deja ir sin culpa. Adiós para siempre, entona esa paloma con movimientos tan de águila, con sueños tan de vuelo, y tan próximos al ensueño que se aproxima ya la más próxima nube negra.

La gacela escapar intenta.
La paloma volar intenta.
Pero.
Tan rápida fue la Bestia.

No hay comentarios: