Es libre solamente quien obedece a los barcos sin timonel que navegan en su corazón.
Una ronda de ademanes justos pasan por la cara del envidioso.
El que mira desde enfrente cómo se quieren como quieren.
Los otritos dos esos que andan como besos.
Que se hamacan sobre la felicidad de los árboles por ser del pueblo.
Y se pregunta por qué, porque le falta el por qué.
Tiene dónde cómo y cuándo.
Tiene el quién y tiene los quiénes.
Pero así como el árbol es del pueblo
El corazón puebla al ser. Y se le ocurren hermosuras a las venas que lo naufragan.
Y desde enfrente todo es envidia pero desde el respeto de una caricia todo es amor.
Todo está bien, aún decir que todo está mal.
Para esta cosa fue mi nombramiento? Pregunta el sufrido.
Oigan che, soy el vuelo de una feroz y no lisiada suerte.
No te alejés que ella te indica cómo hipnotizarme
Está tanto en todos lados ella, así como vos.
Está tan del otro costado que se peina sin champús.
Esperemos que amanezca mientras te pueda decir algo.
Mediante la eclosión imperial escindida de su expandida mitad.
Tinglados del codo hincados al juicio del costillar del otro.
Qué tugurio todo esto, se rinde lo inmaculado
Prédica genética implorando la piedades que no supo otorgar.
Luto implotado en el ombligo del hombre.
Ombligo va sin hache, frenético.
Vos, hombre laceracivo.
Vos nos has sido espíritu dadivoso a la falta.
Un pucho gigante para la amonestación divina.
Has conocido la vena inflamada, la herida flamante que late bajo los mares.
Cuando dijiste voy a ver si es tal.
A explorarle la cal.
A mirar si hay un guiño o no lo hay.
Si tiene filo o si filo no.
Si tiene aeropuertos.
Para estacionar los barcos.
Ayudados por mil guías.
Mas ningún timonel.
viernes, 5 de febrero de 2016
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