los ventiladores que no giran, provocan en ella una cierta tristeza rígida.
cómo ser el maletín del viaje del destino?
cómo vislumbrar lo esférico, desde un cuadrado desmedido?
Será una viña, lo que espere, más lejos del abismo?
Será sal fina corrediza? Serán sables que desfilan sin filo?
Lo que me pasa es que tuve mi derrumbe cerebral, y una hoja de árbol permanentemente me aperturaba el marote.
las esquirlas de mi situación defensiva acrecentaron la borrasca, y un séquito de calores se desprendía de la estufa de manera estridente por mi lado izquierdo.
las brisas invernales retomaban su proyecto por los pasadizos generosos que ofrece la ventana a mi derecha.
yo, bonzo mortal entre almohadones e inquietudes, me remonto a lo remoto para construirme una sonrisa, me espejo retrovisor, me agudizo los humedales equilibristas de
mi templanza.
soy un féretro inmune? Soy una bola de muerte viva? Soy la mascota del delirio?
O sólo soy una pala inerte con la que el puto diablo recoje sus guirnaldas?
ay de mi ventanilla baja, cuando se me aparezca el semáforo polizón a exigirme explicaciones.
Ay de la célula verde de mi existencia.
tengo los protones adecuados para esa estancia, y los neutrinos adeudados a la galaxia.
Mis ademanes mejores serán todos guiados a la estupefacción de la luz solar que me asombra siempre por la espalda, la muy cobarde.
Margaritas y zorzales cubrirán mi lecho como ahora lo hace la vibración de mi máquina, que me permite doblar mis dedos dedicados a tapar el vacío blanco que me
Esperara sin más atención si no fuera por ellos. Largos y flexibles dedos, les debo buena parte de mi vida.
La ardilla me coquetea, mordisquéandose las nueces: pero que te pensas que sos, el alcohol en gel de la desgracia? la alfombra de la circunstancia? te estás bancando
El acevé como un campeón, sin aceverar el campeonato. Inabarcable como la cota del rocío, escénico como un león masacrando al tiempo bajo una siesta solar. Hidalgo
Fanático de los trabalenguas, arrastrando una lengua que no trabaja. Los colmos tienen colmos, sabe?.
Ponete el guante morisqueta, que aquí afuera rechifla por entre los dedos. Las uñas se ponen azules y la piel reseca. Sale humo por la boca y se me sonroja el floripondio. le tenés miedo a la vida? me pregunta ardiente como una vela de antaño que nunca se hubiera apagado.
el reloj me mira mientras todo, con su sonrisa de aguja incisiva. la hora marca las ocho. la hora y su marca personal. aguerrida a su ritmo. tono monótono. blindada contra el estornudo del devenir. Será fiel a su nota durante la eternidad toda? Y si alguna vez, una sóla vez, fallara en su meta de los sesenta segundos faltantes? y si una noche oscura sumara mal, y no le alcanzaran los dedos? Sería muy grave, doctor? A cuál agujero nos caeríamos? Con cuál sofocación sofocaríamos? Guirnaldas del diablo.
A veces pareciera que sever la oreum.
viernes, 15 de julio de 2016
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