jueves, 15 de diciembre de 2016

Sermón del chubasco

El mundo es una opinión de Dios. Así me dijo el interlocutor. Y me dijo más: Que opiniones contrapuestas tiene Dios. Habló así el interlocutor inquieto. Y agregó: Parezco loco, pero no es así. Sólo difundo la locura que hay en mi cuerpo. Y si un psiquiátrico llegara a decir que mi mambo es un quilombo, me lo noqueo de un frentazo. Para que tenga la experiencia de besar mi mente. Así soy yo: El que quiera mi respeto que se acerque con un cuchillo. Eso no me pone nervioso. Me da sólo miedo. Y grito desde la garganta que la misma no es nuez sola, sino también agua que gruñe dotadora de la gota. Tomé tanta tormenta que al final me tragué al mar. La sal me sale a bruma, la broma me emblema la sala. Soy igual a una migaja que haya existido. El truco inerme de quien ha sido. Flechaza de piedra mi médula espinal. Impericia ósea los vaivenes que le cuelgan. No me puede totalizar este incidente. Ni reunirle nada al conserje inconsecuente. Cerro dentro de mí, ¿qué cobijarás? Altura astuta, adentro de lo mío, ¿quién te habitará? Cada hoyo cuenta con su profundidad. Y su filosofía es un limón que requiero de exprimir. Tengo un estado incierto. Los aviones pasan y me despeinan. ¿Es ternura eso?

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