Se fugara de un momento a otro la presencia de la historia.
Y entraran en caos cronológico los sobrenombres matemáticos del tiempo.
Se superpusiesen todas las formas de la mañana de un uno cualquiera.
Con miles de comienzos de cuentos.
Con un puma apurado que ya no.
Con un ave que aclara, Zamudio no es Villa Urquiza.
Con un montón de montos del desmonte.
Con dos recostados sobre una pluma de almohadones descosiéndose de amor.
Con un libro esparcido entre ojos abiertos.
Con aquella que envía e-mails que hieren.
Con un invierno que hiere también mucho.
Con un murmullo ajeno, pero a la distancia delicioso.
Con este siglo de material estanco.
Con quien se prende un cigarrillo y se queda fumándome mientras me deshago sobre su nariz y me empiezo a parecer al cielo.
Con una compuerta que nunca está en su sitio.
Con riesgos táctiles que vislumbran la curvatura de la noche.
Con una vidriera llena de porcelana fría y de alarmas y poca esquina.
Con el potencial de ventana rota que hay en cada piedra urbana.
Con el potente beso de cada labio que no sabe lo que no puede.
Con un semáforo que arde de rojo al vernos cruzar.
Con aquella que predijo cuál era el amor de mi vocablo.
Con palabras que atestiguan que silencian al silencio.
La historia se suicida y no temas jamás más.
La hora de ahora es amistosa como un fútbol.
Y siempre hay una chance de corromperse por un dedal.
Un escudo de dedos mientras cosemos el futuro.
El prefacio de un muñeco reo y atrevido de ladrar.
Y que ladra urgente que.
Doble acoplado atiborrado de cuentagotas vuelca en la ruta del vacío.
Que un zorro astuto quiere influir en la noche negra.
Pero muerta la historia huyó de la noche aquella despavorido.
Una propaganda irreversible la del hombre zorro.
La historia deglutida como un feto fatal.
Animales zumbadores en la cabeza, una cabra en la oreja.
Un zoológico demente que fríe fríos de guirnalda.
Y la historia muerta de risa.
Una nota en la cima del fondo.
Un condominio de la hidráulica y la flotación.
Una viceversa por cada vez que me confundo.
Unanimidades que me azotan la azotea.
Mi axila aclaratoria agiliza el brazo en movimiento.
Como si fuera yo la espátula de un pintor más diestro.
Dieron mensaje duro a mi duro sentimiento.
Adquirite un diccionario nuevo o asimilate necio del soneto.
Ritmo, melodía y armonía dijo Charly, y me desvaneció del espectro.
Soy un ente solo entre entendidos mamotretos.
Visito su concierto cual malabarista manco
Cual alunizado entre marcianos
Cual niño marchándose a jugar solo con el viento.
Has visto la notoriedad de una lluvia de motosierras?
No intento entender tu piel, que es una máquina de suavidad.
Sólo intento acariciarla antes que la clasifiquen acariciable.
Desmembrar los miembros de lo unimembre y sujetar al sujeto que predica lo predicado.
¡A dormir! Me dije
Y me vacié este cartucho en la sien de tinta virtual oscura que me atravesó todo el cerebro.
Gancho cross de izquierda arrimándome la pera al ombligo.
Pero antes de soñar mi sueño vomité lo de arriba y lo de abajo.
Nunca nadie me preguntó con tanto amor si me dejaba de sorprender la luz de lo ultravioleta al sonorizar el colapso continuo de una tela de migajas, tan jodida y transparente que transportaba a una mosca por el aire de su vuelo, un trayecto airoso e incontinente si no fuera por su furia de pócima como de viento, de traidora de atracciones a la masa de su núcleo planetario, así sin ellas un destino aplastado, o de marcas en la costra de su cuerpo negro o de ojos subyacentes que lo pueden todo verlo, hasta el truco legendario de intentar la vista gorda al rededor de los alrededores, pudiendo incluso con esa ciénaga que es el alma y los mástiles de su sombra, habiendo crepitado hasta tan hondo siendo tan bicho feo, ¿cómo es que pudiste tanto zumbadora de lo incertero? ¿y cómo es que ahora tan tedioso es desarraigarme de tu cuero? ¿Cómo te apago ahora pulguita despertadora, con qué disfrazo de razón todo mi hundimiento? Fuí estafado por una mosca, juez señor. Que se me desmenucen los cerebros con un atado de porqués. Así como el agua imita al hueco así quiero yo imitar su rumbo de aleteo eterno, juez señor.
Y quedarme iterando entre pupilas tuyas.
Muerta la historia, convirtiendo mejilla en beso.
Absuelta y abolida, pronando y supinando tiempos.
Pero no te asustes nunca si me sentís algo agitado.
La respiración es paradójica cuando ya no hay más segundos.
Y los relatos, y los finales, quedan raros y son raros.
Mucho son muy raros.
domingo, 18 de junio de 2017
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