Señales al cielo, y siendo confidencial mermes tu mano, acustumbrando un lugar en tu ojo, allí en donde lo visto se desenreda, donde la sugerencia de la yema del dedo queda por fin vacía de un viejo modo. Quizá la suerte se fatigue un poco y sea necio el próximo bebé que nazcas, o sea mármol la próxima superficie que sueltes. No puedo prometer lo ajeno, pero me ungüentaré de mí mismo y haré lo que haya, como la furia del nogal que desplaza los terrenos para estirar un poco las patas y sentirse ameno. El día se ha vuelto intransitable y la noche ya no sirve más, vida, es tremendo que ya no te pasees por aquí...
Pasa el tiempo de uvas
Pasa de uvas el tiempo.
Crecen las tetas
Crecen los huevos.
Caen aquellas
caen aquellos.
Y me hacés sentir reciente
Recientemente sido.
De allí que somos comparables
desde el conurbano del infierno
hasta la ternura de los niños.
Pues no existo si no es yendomé
Por una rodaja de baldosa
Bajo un cacho de tinglado
Armando yuntas para unirse
Tope y suelo entre mi sitio
Traigan mate y un alpiste,
y que remienden pajaritos.
Es así de tarde: Una música que aprieta, y el amor pendiente que es amante de nosotros. Y estamos así como árboles que se miran a las hojas, árboles de ceniza, que cómo no van a existir si se acaban de arder. Brevemente necesitaré de un jueves, de dos nubes y tres nueces. Y una estafa comediante y unas bombas de bondad. Gris, gris, gris, crece un humo muerte y que dispara con arco y fechas. Sale un combatiente a enfrentarlo:
El monstruo de hacer el amor
Dinamita gerundios
A él nos sacrificamos como tributo
A su mole ciega que no entiende
Diferenciar quién es cuál y cuál es uno
Y desoye el galopar de sus enemigos
El teléfono que suena, la puerta que golpea
Un bebé que llora, la alarma que revienta
La gente que entra, el marido el novio la esposa y los hijos
Un corso de triángulos familiares y acutángulos invasores
Y el gris gris gris humo muerte precipicio
Pero el monstruo se cierne y les grita aullidos
Tenues e infactibles significantes
Ante mí sus heridas no son verdaderas!
Ciertas, sólo ciertas cicatrices, y la luz lunar!
Traigo al genio amor anotado entre mis fauces.
Oigan lo que se habla adentro de mi boca.
Inútil el tendón que me separa de abrazarte un poco más
Débil el músculo que no tiembla al rozarte
Al albergarnos la piel entera en una vasija hecha de manos.
Hangar que disipa la manía accidental del tiempo y de sus mitos
Con la almohada vestida para la guerra,
Con una bruja burbuja que regodea nuestros sexos
De quién es la pulpa de todo?
De quién sino de yo?
Del monstruo que soy yo.
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