miércoles, 28 de febrero de 2018

Disloqué

La cerveza está tan lejos de mi mano
Un vetusto tráfico de luna atraviesa desde la ventana la taberna de la mentira
En su entorno la rodea una oscuridad que me acusa de movimiento
Retazos de esa luna y de esa oscuridad participan de mi cara
Del dibujo de mi cara que trazan unos ojos lejanos como el horizonte
Unos ojos de párpados malditos que sacuden la indiferencia que los viste
Y me los arroja sobre el rostro mío

He dejado esencias definitivas entre mis dedos
Lidio con la oreja traslúcida de un porrón alcoholizado
Del otro lado de la piel del vidrio, otra vez mis dedos, que ahora se alejan
Cada yema husmea por un sitio mejor
Por tibieza y porosidad gana la pera que ha colonizado el sur de mi cabeza

Cuando las uñas frotan la barbilla aparece el genio
El genio no saluda, nunca tuvo esmero para tales gestos
Me dice, imaginte una muralla, ¿listo?
Asiento con la cara, para mayor indiferencia de dos ojos que ya estoy olvidando
¿Y? ¿Vamos a demolerla, o no? - Responde casi fastidioso

No hay amenaza más amena que la del genio de la barbilla
Como un dragón asalariado del pensamiento.
Asalariado porque cobra, y por adelantado.
Su objeción, acataré acatarla, intentaré intentarla
Pero mis dedos ahora están cometiendo un sanguchicidio con la complicidad de mis premolares

¿Por qué razón me puse hoy los labios al revés?
Oyéndome vos mi voz huyendo
Pero es que
Yo pensaba en vos y vos en el otoño masticándote los días
Yo pensaba en vos y vos en el domingo pegándose un giro
Yo mirábate el ojo y tu ojo bebía de la contemplación lationamericana

La puerta de salida está integrándome interrogándome
Por ser también la entrada hacia algún afuera
¿Habrá qué cosa entre sus tiritantes tirantes?
¿Un árbol en celo?
¿Un chirrido inaudible?
¿Una multitud desganada?
¿Una distorsión imparable?
¿Alfonsina buceando?
¿Alfonsina buceando?

Una nube de actos peligrosos me acercarían a la compuerta
Sabido es que tengo el corazón
Bajo la sombra de un frutilla
Y tanto me gusta la música
Que adoro al silencio
Mis pasos se ponen de pie.
Y buceo.

No sé cómo hacen ustedes para respirar por afuera del agua.
Yo no puedo.
Pues el árbol que charlaba se cayó.
Y la cerveza
Cada vez más lejos de mi mano

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