lunes, 23 de febrero de 2009

Confesión sobre las palabras

Yo creo que las palabras te traen olores o sensaciones cuando las escuchás, muchas veces por recuerdos vividos, aunque ahora no me quiero referir a esos casos, sino a los otros, cuando sin mucha burocracia lógica que la sustente, la sensación igual viene volando desde la boca del hablante, enfilándote desde lejos, y se agazapa amenazante esperando el momento exacto de la pronunciación, y cuando ahí la palabra ya se viene y hace bailar lengua y labios del remitente, la ráfaga de la sensación que corresponda se desata y se arroja como una gran bola por la cabeza del receptor.

Y así pasa, por ejemplo, que éste escucha la palabra "página" y se siente como parado, derechito y que viene de lejos un  zable fino doblado que justo cuando llega la parte de la "gi" le corta los brazos por la mitad y ya al final de la palabra se debilita un poco y la espada sale pintada con su sangre.

Y cuando el tipo escucha "arte" se imagina unos espíritus angélicos que te reconocen desde arriba, mientras uno está como adentro de un cuadrado, y el plan de los seres alados es sacarte de ahí al menos para escupirte y avivarte de alguna cosa. La mayoría de estas cosas pasa en la "erre".

Y así todo.

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