No se para qué me empeño en hacer todo mal si después todo me sale peor.
El destino me anda sobrando.
Así es, se me inflamó el destino, se me transformó en una plastilina excesiva que se me cae por los costados. Y me burla. La plastilina desaforada y multicolor se calzó su nariz de payaso y me digitaliza la existencia al son de sus carcajadas, mi desfortuna me invade, me atrapa bajo su carpa de circo que me oxida y me chantajea como un usurero del desmadre.
Todos y cada uno de los acróbatas y equilibristas de mi suerte se pueden ir bien al carajo
domingo, 12 de agosto de 2012
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