merodeando la noche
insertado hasta la médula en este oscuro cóctel de estrellas
pude reconocer hoy un pasadizo nuevo
como un susurro mordido entremezclado entre la voz de la luna
y sus aseados discursos de palabras antojadizas
hay un cobijo novedoso entonces
en esa garganta flamante del anochecer
para cuando esté yo precisando un reservorio de insensatez
o en cuanto se destape el crepúsculo, antojado de mí
una vez abrigado y asilado contra su orilla
mi cuerpo ya no merodea la noche
es entonces que finalmente
la noche me rodea mi cuerpo
y me entero de vos
y me entero entero
el corredor nocturno se vuelve ya casi inenarrable
será por la cadencia, será por su deleite
de una boca hecha de ojos
de unos ojos que besan tibio
o el retazo de labio que se duerme
susurrando consejos a la almohada
los latidos ya transcurridos
los ojos ya cesados
y sólo queda tu boca, apenas soplando
sólo quedan tus labios que murmuran eso
de que el tiempo todo locura
y ahora ya sí mi cuerpo
se muere flameando
se muere flameando
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