sábado, 29 de agosto de 2015

Despétalo

Plantas sin ojos observan al viento, deducen de su calma calamidad si fotosintetizarse las hojas o aflorarse la floración. Cotejan cada mueca de cada nube, se desdicen por desdichados truenos que oyen sin sus orejas. y se encomiendan por fin a todos los infiernos que les promete el sol.
Emitir la semilla o remitirse al carozo. Enfatizar la faz de su tierra, inflamar las raíces en ella, abalanzarse a la luz que la conmueve.
La mano ajena. A la planta ajena, al sol ajena, al viento ajena. La mano ajena se posa como mariposa en el pétalo de altura mayor y sin acariciar tira, tira de donde sostiene hasta suceder el arrebato.
La planta cede su aroma y su color sin resquemor. Se despide de su suavidad que ahora aletea contra la brisa sobre unos dedos pequeños.
Allí va, sólo un pétalo. Solo, pero en la mano de un niño.
Allí van juntos, tratando de hacer funcionar al mundo.

No hay comentarios: