Me retiro, noche prodigio, por la pasarela encharcada que me sobra por todas partes.
Caminando de una manera lenta, sorteando el pis de los aires acondicionados porteños.
Esquivando sus amenazas breves, como si esas cataratas fueran mi infortunio.
Pero si tal fuera la gilada de mi yo caminante, hasta las cabras tropezarían por mi sendero.
Como si no hubiera suficiente garra severa lamida por un monstruo para escaparle.
Como si las fiebres que traigo puestas usaran la escalera mecánica para subir y bajar.
Como si las puertas que atravieso, no me atravesaran también con sus picaportes y accesos.
Como si mis intentos de abstracciones nocturnas no olieran a carne, hueso y sudor.
Como si las mañanas siguientes no husmearan sobre nuestros corazones puestos en reposo y al sol.
Como si ninguna manivela hubiera que me intercambiara el destino.
Como si la habitación fuera de fruta.
Como si las descripciones de los muebles no chorrearan las escencias del descriptor.
Como si los bueyes no arrearan ante todo sus pausas.
Como si las mieles no zumbaran ante todo sus pautas.
Como si la paradoja fuera para la joda.
Como si el sonido no penetrara en todo y para siempre.
Como si mi estirpe ciñera tramos de niebla, o luces que no sofocaran.
Como si no estuviera bifurcado, pensando sobre todo en las Inmediaciones.
Puedo pensarlas y las pienso.
En esta cama entre nosotros dos, el universo está en pelotas.
Cómo golpea un corazón a un corazón golpeado.
Beso goleador, corazón goleado.
Estoy ahora de un modo rojo, los pies hinchados, los botines puestos.
La mira mía desenfoca los destellos de lo tedioso.
(Como si no vieses la mira mía apuntada a tu magma)
Se resuelve poco del mundo con un juicio a Dios.
Divina ordalía, paredón y después.
domingo, 15 de noviembre de 2015
Las Inmediaciones
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