viernes, 18 de marzo de 2016
emeporté. No me metas en el medio. No te tetas en el tedio.
Me agarró el sueño de una mano. Me agarró el sueño y se quedó dormido. Como un algadoncito herido. Como un alfajor enmudecido. Se quedó dormido en mi mano mi sueño. Como un heróico sobrevivido. Como mi ser rejuvenecido. Se pinchó con noticias como sorprendido. Se endureció los abismos. Repitió lo del desinfle repetido. El procesar doble del oxígeno entrometido. El pi por radio en su fonética de proeza perniciosa cual precisa pericia preciosa. Ay de los acutángulos que se asomen. Asombro por el escombro, degluterán en sus espacios. Diciéndole de su mate, que lleva la bombilla embrutecida. Los esófagos abecedarios. La garganta sosteniendo un fa sostenido. Preguntándose la pregunta que siempre llega: ¿correcaminos o trotamundos? Y ya no sabés ni decir te quiero. Se te olvidaron los ademanes. Ya sabés que miento. Que tu cinco le gana a mi cuatro. Pero tal vez no esta vez. Tal vez traigo un seis ganador. Oro ni a palos, mi espada es la copa. Al tabique rendido le presto mi paso. A los manteles enllagados que cubren su mesa. Vos en una esquina, poemita, fumándonos a todos y dueña del mazo. Voz de alarma que prefiere a los despiertos. Vos, alarma defendedora del incendio. Balas al señor del tiempo. Medio me oigo. Tedio te odio. Modo eso, y todo eso.
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