martes, 22 de marzo de 2016
Luego. Hasta.
La remera huele a rabas y tiene telas de oficina, y se pierde como el velero dueño de la brisa. La despedida del puerto que se va. Toda la velocidad se ve torcida por la ballena primera. Una pausa. El mar ofrece su detener entre condenas. Los marineros se arrojan al ahogo en sus extremos. La vida inolvidable pierden al olvidarla. Durante el ahogo no hablan entre sí. Despiden sus burbujas y se entremezclan con otros peces. La ballena queda lejos pero va a venir. Queda pendiente la explicación de ella. Que despide agua que trasluce al sol que calienta al mar que se explica solo. Los desabrigados reposan en su playa y de esto no saben nada. Las nubes se ven tontas cuando pasan por acá. Y me olvido de seguir.
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