Tal día apareció un espanto, alto turbio.
Por no decir un robot cuya mirada es igual a la vida pero en viceversa.
Un brujo de brújula que acecha.
"Acá empieza un rocanrol", se anunció muy claramente.
"Usted es un hijo de puta", contrarresté tan vagamente.
Y giró la perilla de la jornada, y se puso a disfrutar del silencio de mis palabras.
Amainé el trazo de mi traza con ese momento clavado en mi locura, sepultando las más oscuridades posibles y plantándome colgado de la luna a aguardar que mi ser se sobrepase de mi estar.
Pero la racha inmunda, esa paloma submarina, es tan perfecta como la muerte.
Se dice de yo que ví pasar mi ser.
Para qué hacés eso, una vez pregunté, contando días iguales a los anteriores.
Me cuesta tanto a mí andar pinchándome los pies, con el alma en cuestión abierta en dos.
Todo mi conocimiento arrastrado porque de la ropa se me enganchó.
Si ando desnudo como el colega auténtico de la ducha y el calzón.
Mi caparazón seco sobre un costado, y torcido de la risa.
Me propuse un equilibrio y terminé en un trío con el ying y el yang.
Me ultrajaron los chacras con su sexo, y me almorzaron juntado con mostazas y mayonesas.
Y me pregunto, con qué brazos se boxea contra estas cosas?
Qué horas difíciles aquellas que no pueden ser!
Tomaron aire en un vaso de oxígeno y partículas prohibidas.
Me dijeron cómo estás, arrinconándose a un suburbio que no puede oscurecerse más.
Me encuentro encontrándome porque buscándome me encuentro no estando.
Intento desfallecerme jugando al fútbol, como pretendía mi yo niño.
Me encuentro encontrando a los besos sobrevalorados, y lamentando cómo subestimamos a los besos.
Estoy forzando las características de mi hemisferio predilecto.
Inventando unos movimientos que antes tenía pero ahora estaban rotos.
Pasando por arriba sin respeto mi actualidad resquebrajada, arrancando la desfachatez de una esperanza tierna.
La de volver a ser un monigote entero con cada una de sus partes.
La de poder considerarme aquel todo que las une, y poder amarlas como todo lo uno que me parte todo.
Quiero explotar de geometría nueva. Reventar las áreas de mis paredes. Aflorar perímetros nuevos por los alrededores. Reconquistar el espacio sideral que se amontona soñoliento bajo mis contornos esperándome, extrañándome.
Desguajar de cuajo el éxodo de lo exiliado de mí. Ser mi estratega, mi comandante, el oficial de mi máxima artillería. Ser el timón, el ancla y el viento de mi consuelo gritador.
Y que si el sueño se arrebata, soplarlo lejos así como el mar revolea sus peces a los ríos.
Me dicen qué querés?
Que no me gusta que me apuren.
Ninguna civilización alguna me apurará jamás nunca más.
Pues la tierra está inmunda, y el agua está terrestre.
Puesto que hay una mueca en todo el resto que me inunda de abejas las orejas.
Y un desastre de zumbidos, panales y mieles se me engendra en mi adentro.
Qué quilombo lindo. Como para dejarlo por ahí, y ponerse a leer un poco.
Agarro un Marechal.
No hay comentarios:
Publicar un comentario