Una llama que miente, me mira desde el agua.
Tan alta está, entre dos rodillas y mil peces.
Tan envuelta en los silencios de la mar, que estaba serena.
Serena, serena estaba la mar.
Una obra metalúrgica, trepar hasta tu cuero
Ser soplido de los montes, ser alambre de la luna
Ungido como suero de lluvia sobre la tierra seca
Que encajona arroyo, que deviene río, que alimenta la mar, que estaba serena.
Serena, serena estaba la mar.
Al trote no llores, que llega el momento de corregir tus horas.
Triunfarle lo Saturno a la noche nocturna
Deshacerle Urano con sigilio al día diurno
Y que su jungla de lo disjunto acaricie el ambiente de mono.
Llanto que llora la ley de la escritura
Escultura de letras como aceite de tunas.
Ligera, pequeña y digerida como su sal
Sal de la mar, que estaba serena.
Serena, serena estaba la mar.
Tan tumba de mi vida
Tanto que te debo un brindis
Y te deberé durante toda mi muerte
Que me he muerto sin tu culpa
Sin recintos llenados de presencia tuya
Sin palmeras a la vista que reposen sobre tus espaldas.
Sin esos mecanismos del paisaje por lograr un cenicero rotundo.
Sin una bella mariposa comunista, de párrafos cristálidos y plateados.
La plaza es de los pájaros.
Los peces de la mar, que estaba serena
Serena, serena estaba la mar.
Una sapo muere a palazos cada día
Y cada noche sueña con la cabeza partida
No sea cosa mucha ni sea cosa buena
Una orientación desubicada de una plataforma de piedras.
Lo que me queda de ausencia entre tropiezo y tropiezo.
Un ciclo de frustración, vuelco y treta
Y sin embargo permanezco permanente
reflejando el contenido de algún cielo
perforando una nada con hábitos de miel
y lanzándome en salto desnudo a este vacío
dondequiera sea que éste termine
por debajo estará la mar, que estaba serena.
Serena, serena estaba la mar.
viernes, 28 de abril de 2017
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