No escribas ahora, todo lo que saldrá es una nota vacía.
Ya me había sentado, había iluminado la mesa, mi mano había ordenado a mis dedos a ir por mi birome. Ese trayecto siempre me fue peligroso, pues en esa ruta ocurren accidentes como el que detallo a continuación: La inspiración se hace bosta contra alguna carencia, y en ese choque hay explosiones y una esquirla incluso que se me incrusta entre la sien.
Inmediatamente la mano abandona su viaje, y el codo la redirecciona hacia la zona de la cabeza, a rascar la zona de la esquirla. Ya llegada la uña filosa a las inmediaciones del cuero cabelludo, una voz inaudible le charla algo así:
"Enceguece tu ojo ahora, y pregúntate: ¿Qué veo cuando escucho lo que siento? Vos te estás confundiendo. No soy yo, la esquirla, tu accidente. No sos un bidón de sangre. Ni vos ni yo dilataremos al tiempo, ni diremos siempre lo mismo, ni oiremos algo nunca igual. Y sentate un pococ mejor que la ergonometría es tu asesina."
Ya rascado yo, me calcé sobre la birome, me lancé sobre la hoja, y allí arrojado taché uno por uno los renglones que estaban en blanco, como si esperacen pálidamente alguna cosa superior al tezudo borroneo.
Porque no era eso lo que te quería decir, pero tampoco pude decirte nada mejor.
Me fui a dormir, con la palma prendida fuego, y entre groseras frazadas, pues en noches como estas hasta el fuego se anda con frío.
domingo, 21 de octubre de 2018
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario