Pedro es un ser anacrónico. Bien lograría mimetizarse con los hombres necios de otrora, de un tiempo distante en que la Serpiente era el Mal, que la Manzana era el Deseo. Su imagen me recuerda a una roca solitaria en una montaña: inocente, pero sin entusiasmo.
Pedro recorre el tiempo y el espacio con la indiferencia que le corresponde a una lupa que se acuesta a mirar el cielo.
jueves, 18 de septiembre de 2008
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