viernes, 9 de octubre de 2015
Maga
La ví ninguna vez pero sus ojos me acometieron. Sus labios proponedores me impusieron un suave orgullo de que me hacían la mueca a mí (sólo a mí). Si sabremos todos que no era así, pero el rayo eléctrico igual me atravesaba de los pies a la pera y me esparcía su ritmo hasta las cejas, que hacían su danza inocentemente por no tener un espejo impugnador que revocara todo intento. Ay si tan sólo su presencia ninguna se hiciera una, si el asiento de al lado no estuviera tan vacío, tan visible su colchón, tan inflado por no soportar ningún gramo. Sus ojos trazaban una recta breve acompañada por el resto de sus rasgos, me oficia eso de sueño oblicuo cuando me acuesto en diagonal. Cuando me duermo sin almohada me viene su rostro apoyado en alguna ventana, mirando los carteles vacíos, o los íconos que a veces contienen, las partes de las caras como si tan sólo le interesaran de una vieja sus arrugas, de un viejo su nostalgia colgando entre los ojos. Magia poder comportar tanto kilometraje en sus breves veintipocos. Hacerlos comportar, y que hagan caso a costa de escupitajo y una mirada grave que no se pueda soportar.
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