domingo, 25 de octubre de 2015

Numeral

Ciento diez. Mi número. Lo espero hace parecida cantidad de minutos. Me aburro y te invito conmigo. Invitémonos a deleitar esta esperanza, mientras nada viene a transportarnos. ¿Podemos pormenorizar nuestros pormenores? ¿Va a pasarnos algo, o no?, Mientras aquí nos subyugan los compatriotas de la nadacracia, los adalides de la justicia nos ignoran como un manco que teje guantes para la configuración equivocada de dedos. No cabe una uña en esta maniobra pero igual lanzo mi anzuelo, como si fuera esto la esperanza mía en los porvenires. ¿Y la tuya? Nunca me hablaste de tu esperanza. Porque el bondi no viene más. 

¿Será infinito su letargo en la lejanía? Escondido como oso tras la melodía eterna del silencio, en infracción con el sol y la estación que lo demanda. Tu esperanza silenciosa, tras el manto oscuro de la noche que ninguna luz sabe traspasar. La esperanza mía, charlatana, acuchillada ahora por los osos colegas que no cesan de no cesar. Ciento veintisiete. Cuento cuarenta. Ciento setenta y cinco. Se me doblan los dedos de contar y el número mío no viene. Se acaudalaron sus múltiplos en un edificio quieto. Se dispersaron por fuera de toda matemática los dividendos de su ecuación. No viene el mío pero sí ahí se va enfrente uno igual numerado, decime si eso no es traición.

Entre cada pausa elevo mis ojos y relevo la avenida. No creas que soy tarado y le doy a la tecla mientras pasa a mi lado. Pasa una moto, tres autos y un fresco que me sopla la camisa. Y un ciento cuarenta nuevo. Y mi número en falta, insistencia perfecta. Por sabido que nunca vendrá. Este oso mío se ha quedado frío tras esta primavera falsa que es como un otoño y medio, donde los jilgueros dejan sus cantos en el correo de voz. 

De verdad, ya ni se adónde iba. Ni siquiera entiendo del todo lo que hago adentro de esta piel. Mi mente se pone anecdótica, y mis ojos de vidrio. Mis manos de agua, mi frente de frío. Jilguero exiliado, rugime tu nota desde donde estés, sea de alegría, sea de agonía. Ambos sabemos pajarito, que la memoria emotiva desmotiva. Y cuánto: Ciento setenta y seis. Ciento once. Ciento setenta y seis.

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