domingo, 19 de octubre de 2008

Hombre

Hay dos hombros.
Uno de ellos naufraga por su brazo hasta llegar a una mano que sabe identificar al enemigo. Y sabe golpear, y sabe por qué golpear, y cuándo.
El otro hombro conoce el camino hasta otra mano, que construye y elabora lo que piensa la cabeza.
En la cabeza está la mente, como una cajonera de pensamientos, donde al ritmo en que la sangre roja entra y sale del corazón, los cajones de ideas entran y salen con astucia y alegría. 
Alegría tiene también en los pulmones, dos obreros organizados, concientes de su participación en el mundo-hombre, que regalan la plusvalía de aire al cuerpo entero.
En el pecho algo busca escapatoria desde adentro., tratando de salir, pero sólo consigue rasgarle un poco la camisa. Ese fuego interior está bien aprisionado, aunque siempre logra fugarse por los ojos, lanzando miradas profundas y furtivas de color negro.
De fuego también está hecho el tono de su voz, y las palabras que este hombre utiliza para agruparlas y combinarlas en oraciones que hierven como lava.
Cuando el hombre abre la boca hay un volcàn que habla. 
Las manos se recuestan a leer, los ojos se ponen a trabajar.
El volcàn habla, escribe y se pone a mirar.
La lava quema al enemigo.

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