Un perro tiene los ojos en otra frecuencia lumìnica que un hombre. Entonces, en tanto perro, puede observar las ideas de los hombres, sus creencias, sus anhelos. Èstos son como pelotitas naranjas que te salen por la nuca y te rebotan en la cabeza. En cuanto el hombre deja de creer, de pensar, de recordar, la pelotita se le revienta en la frente como un huevo.
En algunas ocasiones, el perro ladra alarmado.
En otras, se acuesta a reflexionar.
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