¿De dónde viene la zamba que rumbea lágrimas hacia mi cara?
Hacia dónde el desprendimiento de mi retina que persigue la sombra de los pájaros
Algunos desquicios me caminan a tientas, desorientados entre nervios de filo filoso
A tientas hermano, a ciegas y vacíos como una nota sin papel
Mañana no llamaré a nadie por su apellido.
Mañana beberé del psicopisco y me mamaré hasta que mi autocontrol presente suficiente insuficiencia
La desinteligencia emocional me invadirá
Penetraré entre los yuyos de la soledad, recojeré de sus yerbas salvajes para cebarme un mate hirviente
Nada es lo que carece, y si sí que me nazca un arroyo de las tetitas, y salgan nadándome hijos
Que ella esté admirablemente deconstruída no significa que le gusten los fuleros.
Debe comprender eso mi cerebro incompleto.
Pero a pesar de todo tengo los fueros de un mitón
Y bebo de un río de agua
Y leo de una biblioteca de libros
Y soplo un viento de aire
Y ardo una llama de fuego
Y vivo un plazo de tiempo
Y ando una distancia del espacio
Hasta el día que se me pegue la bota al suelo,
que la música no me mueva,
que no se me caiga ni un verso
que no haya andado sonriendo
que nadie haya reído de mí
que no haya sanado
que no haya dicho a nada que no
que no haya dicho a nada que sí
sábado, 25 de agosto de 2018
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