jueves, 1 de mayo de 2014

Aún

Brindarles el rato por su ratitud . Vendrá ahora lo efímero pensó luego del antes, del antes que nada, y la nada ataviada. Cansado, pero con un refresco en la mente falleció a todos los que mirábanlo y se puso a estudiar canibalismo dialéctico.
Ocho hormigas lo miraron y atribuyéndose un camino hormiguero, lo resolvieron en dos patadas, pero patadas de seis pies cada cuál. Resueltamente adolorido, el pateado concurrió al hospital en busca de un hematoma que lo libre de las obligaciones matutinas del mañana, pero el doctor ahorro, ahorróle la alegría del reposo excesivamente supersupuesto, y lo condenó a una pena de dos semanas de presentarse comprimidos de periódicas tabletas en el jurado de su atacado estómago.
Contrariado, la víctima del punitivo hecho alzó su puño revoltoso y juró venganza por mano propia. Contramano propia dirás, le retrucó una hormiguita que le había quedado prendida al saco. Contradicho hasta por la más solitaria de las insectas, dicen que, aterrado, corrió tan lejos que su camino nunca tendría fin. No es de dudar que sigue aún. Aún espantado. Aún huyendo para siempre

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