Son metáforas que no hay interpretación que las alcance. Son camisetas de un brazo gordo y otro largo, uno petiso y otro estrecho: no hay cuerpo que quepa en ellos. De colores incombinables, de abrigo confuso hasta para la más equilibrante de las estaciones solares. Su tela rasposa en gran medida, aunque tan confortable en esas caricias azarosas, de un espíritu conciliador que por poder conciliar se hubo agarrado a piñas con otras ánimas menos equidistantes a la justicia.
De calce desordenado, entallado difuso, etiqueta ilegible, especificaciones ininteligibles, matemáticas disparatadas, ciencias extravagantes.
Expulsado de la comarca de todo lo diccionario, hoy y siempre vagará aquella combinatoria de letras que supieron urdir mis dedos, por océanos digitales inaccesibles y mares de tinta envejecida, dispuestos al olvido, encomendados a una ofrenda a la nada.
La inutilidad del pacto es expresa, y su único efecto caerá sobre aquel extravagante curioso que mágicamente mienta ver un conejo en mi sombrero lleno de aire, de oxígeno voluntarioso, amistado a las patrañas, pero de espesas esperanzas.
De calce desordenado, entallado difuso, etiqueta ilegible, especificaciones ininteligibles, matemáticas disparatadas, ciencias extravagantes.
Expulsado de la comarca de todo lo diccionario, hoy y siempre vagará aquella combinatoria de letras que supieron urdir mis dedos, por océanos digitales inaccesibles y mares de tinta envejecida, dispuestos al olvido, encomendados a una ofrenda a la nada.
La inutilidad del pacto es expresa, y su único efecto caerá sobre aquel extravagante curioso que mágicamente mienta ver un conejo en mi sombrero lleno de aire, de oxígeno voluntarioso, amistado a las patrañas, pero de espesas esperanzas.
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