viernes, 9 de mayo de 2014

¿Quién es la Bruja Malhuba?

Una sóla vez he escrito su nombre, y en una única ocasión he hablado de ella. No es que no la tenga muy presente, de hecho desde su primer aparición en mi vida, ha sido en variadas ocasiones una vertiginosa acompañante en los senderos de mi pensamiento. Sin embargo, esta es la primera oportunidad en que me he decidido a dar a luz su existencia para quienes no hayan tenido la fortuna, o tal vez el desaire, de haber notado aún su presencia.

No pido que todos aquellos que esto lean den por hecho su existencia; sé muy bien que entre ellos habrá creyentes que reconozcan a la Bruja entre sus designios consejeros, habrá agnósticos que guarden sin pasiones ni riesgos una paciente esperanza, ateos que me acusen de falso e injurioso, y por último, habrá quienes profesen la más salvaje de las barbaridades, la Indiferencia.

La Bruja sabrá cómo reconocer a los unos y a los otros, y es ella la que sabrá presentar sus virtudes y vilezas a quienes considere, por esto es poco lo que diré de ella, sólo lo que me ha sido permitido:
La Bruja Malhuba es aquella que malhubo de haberla habido.

Dos preceptos me ha dado ella para su presentación, el primero fue aquella breve e, incluso para mí, inquietante autodefinición. El segundo fue que mienta en el título de la presente nota. Es por eso que so pretexto de hablar de ella, terminaremos hablando de usted, querido lector.

Es cierto que he mentido burdamente, he aquí presentado una incógnita que ya fue pobremente desarrollada en el texto. Si es usted comprensivo, sabrá tomarlo como una pequeña picardía de la bruja para romper el hielo. Yo, como buen conocedor de sus métodos, sé muy bien cuál intención ella esconde detrás de este que fue su segundo designio. En definitiva: poco importa realmente quién sea la Bruja Malhuba, lo único importante es quién es uno ante ella. O dicho de mejor modo: Quién sos vos, lector, ante la Bruja Malhuba. Es eso lo que me pide ella, y sería pura especulación mía la de arriesgar una respuesta, cualesquiera ésta fuere. Queda fuera ya del perímetro de mi competencia (no del tuyo... no de la Bruja...).

Sólo para finalizar, recordaré que uno puede ser creyente, agnóstico, ateo o indiferente. No creo necesario sermonear acerca de mi propia inclinación, cada cual sabrá advertirlo a su parecer. Pero si me animé a este texto, es para sentar precedente contra los brutales, soeces, y hasta caníbales cultores de la Indiferencia hacia la Bruja Malhuba.

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