Se juntó, dicen, aquel corazón de trizas con un alma de cristal molido.
El corazón ya lo ves, aleteando como puede para equilibrar el avance pretendido con su pico de tucán. Buscaba las semillas más secas, las flores más venenosas el corazón aquél. Así, decía, uno late distraído, acumulando poco a poco las mentiras necesarias para pasar el invierno.
Y el alma por entremedio se reía de sus tristezas pues decía (entre llantos...) así: "Que el desatino embotellado cosquillas le hace a mi esqueleto, esa frágil cárcel de alegrías desertoras".
Si generara gente rara este andamio literario, o si no lo hiciera al abrir puntuaciones al lector leyente, se preguntara: ¿Y si cerrara, será rara?
Nada de rara diría la gente y no mientás respondería el relato
"Te veo y te modifico la cara" - diría el relato
Y aquél ojo despojado ya de mentir, que recién se cobijaba en la ceja prolija, ya queda desnudo, húmedo y sin abrigo, bajo el entrecejo fruncido de una cara (ya fue dicho) modificada...
No hay comentarios:
Publicar un comentario