Silvia Pérez Ludovico ya está en el cine. El asiento catorce no está vacío, el quince sí.
Unos ojos nuevos llegan y revisan los asientos, del uno al tres.
Mientras tanto otros ojos, nerviosos, revisan el dieciséis y el diecisiete.
Los anteriores ojos avanzan al cuatro y al seis, y los de recién se pasan del veintiuno y comienzan a saltear, veintitrés, veintisiete, veintitanto...
Unos ojos nuevos llegan y revisan los asientos, del uno al tres.
Mientras tanto otros ojos, nerviosos, revisan el dieciséis y el diecisiete.
Los anteriores ojos avanzan al cuatro y al seis, y los de recién se pasan del veintiuno y comienzan a saltear, veintitrés, veintisiete, veintitanto...
Una señora pide silencio: los pasos causan mucho ruido, la película hombre, la película.
El hombre está en el cine, debe hacer silencio.
El hombre está en el cine, sus ojos deletrean asientos.
El hombre está en el cine.
Silvia Pérez Ludovico ya no.
Silvia Pérez Ludovico ya no.
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